Relacionar el talento matemático con la cantinela de la tabla de multiplicar, o con la facultad de recordar los números premiados de la lotería, es una ligereza equivalente a la de afirmar la falta de dotes literarias de una persona, no por ser incapaz de escribir poemas como Juan Ramón Jiménez o novelas como Gabriel García Márquez, sino por no poder recitar de memoria las conjunciones del castellano o por no recordar los nombres y apellidos del listín telefónico.

Antonio Córdoba, en su libro La vida entre teoremas.


Estas palabras de Antonio Córdoba son una especie de contestación a unas líneas escritas por el escritor Francisco Ayala que forman parte de un artículo que él mismo publicó en El País allá por diciembre de 1999. El artículo en cuestión se titula El ordenador novelista y las palabras a las que «contesta» Antonio Córdoba son las siguientes:

Debo reconocer en efecto que entre las cualidades innatas de que carezco se encuentra en lugar preeminente el talento matemático. Nunca en la escuela primaria, donde se nos hacía recitar la tabla de multiplicar, logré retener en la memoria sino los primeros versículos de la cantinela […] Sin osar envidiarlos, uno admiraba aquellos casos asombrosos del señor que se sabía de memoria los números premiados en la lotería desde quién sabe cuánto tiempo atrás; y, aparte de tan singulares proezas, solía estimarse en general, y se cotizaba, la habilidad de los contables profesionales que con una rápida ojeada solían repasar sin falla columnas aterradoras de guarismos.

Pues eso, que parece que algunos, como Francisco Ayala, no se han enterado de la película.


Por cierto, estaría bien que en los comentarios dejarais más casos como éste. Es decir, artículos de prensa, blogs, etc., en los que se pretenda identificar las matemáticas solamente con cuestiones como éstas. Seguro que, por desgracia, hay muchísimos.

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