Te pueden salvar…

Igor Tamm, físico soviético galardonado con el premio Nobel de física en 1958 por el descubrimiento y la interpretación del efecto Cherenkov, contaba en forma de anécdota una historia de la que él mismo fue protagonista.

En la época de la revolución rusa de 1917, Tamm estaba buscando comida en un pueblo cercano a Odessa cuando fue detenido por unos milicianos que le tomaron por un agitador antiucraniano. Sus captores decidieron llevarlo ante su jefe en vez de terminar con su vida.

Cuando lo tuvo delante le preguntó por su profesión y Tamm respondió que era matemático. El jefe, que posiblemente no le creyó, le propuso la siguiente prueba para que lo demostrara:

Calcúlame el error cometido al aproximar una función arbitraria por un polinomio de Taylor de n términos. Si lo haces bien, te dejo ir. Si no lo sabes hacer, te fusilamos.

Tamm, posiblemente con más miedo que vergüenza, escribió sobre la arena la fórmula pedida y resolvió la pregunta. Cuando terminó el jefe guerrillero, al ver que la respuesta era correcta, ordenó que le dejaran marchar.

Años después, siendo ya premio Nobel, Tamm contó en persona esta anécdota. Nunca llegó a averiguar quién era aquel guerrillero con conocimientos matemáticos. Lo que sí hizo fue usar esta historia para mostrar a los alumnos un ejemplo bastante claro de la importancia que puede llegar a tener saber matemáticas.

…y te pueden matar

El cónsul romano Claudio Marcelo fue enviado a reconquistar Siracusa en el transcurso de la segunda guerra púnica. Dicha reconquista resultó bastante larga (tres años) y costosa, ya que la ciudad contaba con la ayuda de catapultas y de un sistema de espejos que incendiaba los barcos enemigos con la ayuda de los rayos del sol, ambos inventos de su ciudadano más ilustre: Arquímedes.

Pasado este tiempo las tropas de Marcelo tomaron la ciudad y éste permitió a sus tropas que saquearan la misma, pero también dio la siguiente orden: no matar a Arquímedes.

En el trascurso de los saqueos Arquímedes se encontraba en un jardín estudiando figuras geométricas dibujadas en el suelo ajeno totalmente a la toma de Siracusa. Estando el sabio en esta situación apareció en dicho jardín un miliciano que, según parece, se acercó demasiado a nuestro protagonista, que exclamó (según INFINITUM):

-¡No desordenes mis círculos!

El legionario romano, que no conocía a Arquímedes, debió ofenderse con el comentario y lo atravesó con su espada.

Fuentes:

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