“Qué duro es estar tan cerca y no llegar a juntarnos para siempre, a coincidir plenamente, a ser uno.”

Dada una función real, podemos decir que una asíntota suya es una recta que cumple que, cuando la variable independiente aumenta, la función se acerca cada vez más a ella sin que lleguen a coincidir…

sí, sin llegar a coincidir.

Una función y su asíntota pueden tener algún punto en común (esto se llama “cortarse” en ese punto), de hecho pueden juntarse en un número muy grande de puntos, pero todos separados, nunca coincidirán totalmente de manera continua. Como dos enamorados que, aunque se encuentran esporádicamente (casi de manera clandestina), nunca podrán sellar su amor definitivamente y convertirse en un único ente.

Malo es si la asíntota es horizontal u oblicua, aunque en algunos de estos casos sí que hay situaciones puntuales en la que los dos enamorados comparten algún punto. En esos casos, nuestros “Romeo y Julieta” particulares pueden disfrutar de ese pequeño lapso matemático, de ese instante que, aunque mínimo, puede ayudar a saciar esa necesidad de encuentro entre las dos. Es poco, de acuerdo, pero en situaciones como ésta esos “pocos” pueden significar “muchos”. Vamos, el equivalente matemático al típico “menos da una piedra”.

Mala es esa situación, sí…pero peor es cuando la asíntota es vertical. En ese caso, en ese diabólico caso, nuestra matemática pareja no puede siquiera aspirar a encontrarse una sola vez. En esta infame situación, nuestras protagonistas solamente podrán acercarse. Todo lo que quieran, sí, podrán acercarse todo lo que deseen, pero no tendrán la más mínima opción de rozarse. En ocasiones parecerá que sí, que han logrado unir sus manos y por fin están juntas; pero no, solamente es una ilusión, y para darnos cuenta de ello simplemente tendremos que acercar nuestra vista lo suficiente. Si lo hacemos, veremos que en realidad sigue habiendo una separación entre ellas. Pequeña, cierto, pero no es menos cierto que, por mínima que sea, es insalvable. Matemáticamente insalvable, que es el peor insalvable de los insalvables.

Tan cerca y a la vez tan lejos. Qué crueldad.

La de una función y su asíntota es, posiblemente, la situación matemática que mejor ejemplifica el concepto de “amor imposible”. Pero hay otra que no se queda lejos: las rectas paralelas.

Si eres una recta, enamorarte de otra recta es de las peores cosas que pueden ocurrirte. Si estás en un plano, te pueden pasar tres cosas: que la recta de la que te enamoras coincida contigo, por lo que en realidad te enamoraste de ti mismo; que te enamores de una recta secante a ti, a la que te encontrarás en un único momento (¡en toda tu vida!); o que te enamores de una paralela. Si te enamoras de una recta paralela, tu vida amorosa como recta ha terminado para siempre, ya que no solamente no podrás coincidir con tu “enamorada”, sino que ni siquiera tendrás la más mínima oportunidad de acercarte a ella más de lo que ya lo estás ahora.

Como los raíles de una vía de tren, que se miran continuamente, quizás disfrutando de su cercanía, pero que nunca se rozarán. Si te colocas entre ellos y miras al infinito, te parecerá que allí a lo lejos, a lo muy lejos, se juntan, coinciden, redondean su historia con un maravilloso encuentro…pero no es así, de nuevo estamos ante una simple ilusión. Nunca se dará ese caso, nunca.

Aun así, peor es si eres una recta en el espacio tridimensional, ya que ahí se puede dar una opción peor: que tu enamorada y tú toméis direcciones distintas y nunca, nunca, os lleguéis a encontrar. Se diría en este caso que las dos rectas “se cruzan”. Qué verbo más poco apropiado para una situación en la que la pareja no coincidirá en su vida…

Por suerte para todos, estas historias no son más (¡ni menos!) que matemáticas. Cierto es que sus protagonistas no formarán pareja nunca, pero nuestra realidad como personas es otra. Ni somos funciones y asíntotas, ni somos rectas paralelas, o al menos no tenemos por qué serlo. Disfrutemos de ello y demostremos el amor que tenemos a las personas de nuestro alrededor: parejas, amigos, familia. En la medida de lo posible (teniendo en cuenta las circunstancias actuales), enamorémonos de nuestros amigos, de nuestros hermanos y hermanas, de nuestros padres, madres, tíos y abuelos, de todos los que tenemos cerca y nos ayudan a pasar los días mucho mejor de lo que lo haríamos estando solos.

No permitamos que nada nos convierta a nosotros y nuestros seres queridos en función y asíntota. No dejemos que nos transforme en recta paralelas. En definitiva, que lo que tenemos con nuestros seres queridos nunca sea un amor imposible.


Este texto ss el artículo completo que he publicado este año 2021 en la revista de San Valentín del centro en el que trabajo actualmente, el IES Comendador Juan de Távora de Puertollano. El pasado año 2020 publiqué otro titulado Cómo entregar tu amor con matemáticas.

La imagen principal la he tomado de aquí y la que aparece en el texto, de aquí.

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